Capítulo 3: Concepto de los Dos Procesadores.

Desde siempre, desde los albores de la evolución del homínido hacia el humano, desde aquellos remotos tiempos en que surgió el lenguaje, la escritura, y posteriormente, durante toda nuestra historia conocida, el ser humano, tanto en el estudio científico de su propia realidad, como en la interpretación mundana, lógica y simple realizada por cualquier hijo/hija de vecino, ha partido de una base que nunca ha sido objeto de cuestionamiento: que tenemos UN cerebro superior al de los animales, y que éste es el producto de la creación divina y/o de una evolución privilegiada, llegando a ser tal como lo conocemos hasta ahora.

Si asumimos que ha sido creado por Dios, quien ha sido capaz de crear no sólo al hombre sino que todas las maravillas del universo y la naturaleza, resulta lógico pensar que este cerebro nuestro (el mejor y más avanzado en todo el reino animal) es lo mejor que Dios podía producir. Si somos más creyentes en la teorías evolutivas, aceptamos como un hecho que nuestro cerebro evolucionó en forma armónica desde un “modelo” más primitivo, hasta este “último modelo” del hombre contemporáneo, con grandes capacidades intelectuales.

No obstante, y al mismo tiempo, todos reconocemos que como seres humanos somos terriblemente imperfectos, tanto por nuestra conducta personal como colectiva (malas decisiones, conflictos de todo tipo, grandes sufrimientos, enormes sentimientos de culpa, crímenes, guerras, etc, que caracterizan hoy la vida del ser humano, al igual que la han caracterizado a través de toda la historia que conocemos).

Aparece entonces este contrasentido, porqué el ser humano, que cuenta con el mejor cerebro del reino animal, que ha sido capaz de modificar la naturaleza, viajar al espacio, llevando adelante un desarrollo científico y tecnológico espectacular, ha seguido al mismo tiempo comportándose en muchos sentidos como un animal depredador, violento, celoso, e “inhumano”?

La explicación más tradicional y simplista ha sido que tenemos un lado “bueno” y un lado “malo”, que somos al mismo tiempo lobos y ovejas, y que por esto podemos realizar los sacrificios más altruistas al mismo tiempo que las bajezas más espantosas.

Al respecto, innúmeros pensadores, filósofos, psicoanalistas, científicos, religiosos, etc, han elaborado una gran cantidad de teorías para tratar de explicar estos contrasentidos.

Sin embargo, que pasaría si pensamos que talvez el cerebro humano no es tan perfecto, simplemente por un problema “técnico” en su diseño y construcción?

Una posibilidad muy sugerente es que tal vez en él en realidad coexisten, funcionando simultáneamente, 2 cerebros, no adecuadamente integrados entre sí.

Esto es mucho más fácil de comprender desde el punto de vista evolutivo.

Dado que compartimos una enormidad de características comunes con los animales, especialmente con los mamíferos, grupo al que pertenecemos, es natural aceptar que contamos con un cerebro que al menos tiene todas esas capacidades. Tenemos además el intelecto superior que nos distingue de todos ellos como humanos, siendo capaces de cosas que los animales simplemente no pueden realizar.

Desde hace mucho tiempo se acepta, desde el punto de vista evolutivo, que sobre el cerebro originalmente “animal” de los primeros homínidos, fue desarrollándose una gran corteza que progresivamente fue capaz de un pensamiento más abstracto y elaborado, surgiendo así el lenguaje, la escritura, la agricultura, etc, como hechos que marcaron esta “diferenciación” desde lo puramente animal.

Al mismo tiempo se ha aceptado universalmente que este cerebro ha integrado en forma más o menos armónica todas estas capacidades, tanto las primitivas como las modernas.Y si esto no fuera así? Si en realidad nuestra evolución fue “imperfecta” en el sentido de que en el ser humano el cerebro primitivo (animal) y el neocerebro (humano) siguen coexistiendo en forma más o menos inarmónica, e incluso muchas veces francamente conflictiva?

Esta posibilidad es mucho más lógica al momento de tratar de interpretar la realidad conductual individual y social del ser humano a través de su historia.

Tenemos así, al mismo tiempo, dentro de nuestro cerebro, formas de ver y sentir la “realidad” que son complejas y contradictorias, y realizamos actos que a veces son producto de decisiones fríamente calculadas y planificadas, y otras veces realizamos actos absolutamente imprevistos, irreflexivos, de los cuales nos arrepentimos intensamente con posterioridad.

Resulta entonces más fácil comprender que todo esto no está reflejando más que nuestro propio conflicto intracerebral, que en realidad al actuar estamos respondiendo, según el caso, ya sea a nuestro cerebro primitivo, o a nuestro cerebro moderno, o muchas veces tomamos una decisión extraña que es una rara mezcla producto de una combinación de la influencia de ambos. Otras veces es tal nuestro conflicto interno que simplemente no somos capaces de tomar ninguna decisión y caemos en la inacción.

Con todos estos antecedentes, podemos avanzar entonces hacia una esquematización inicial y básica, sobre la que seguiremos elaborando en esta apasionante tarea de ir construyendo esta “Nueva Teoría sobre la Conducta Humana”.

El cerebro humano integra, desde el punto de vista funcional, 2 cerebros, que para estar más acorde con nuestro mundo moderno llamaremos “procesadores”, inter-relacionados, pero de distinto origen y características.

Estos son el Procesador Primario (PP) y el Procesador Secundario (PS).

1. El Procesador Primario, (arcaico), se relaciona con las zonas más primitivas en la evolución del desarrollo cerebral.(en principio, similar al de los animales).

Sus principales características son:

a. se relaciona especialmente con los instintos y las emociones, por lo que se expresa especialmente en el “sentir” del individuo.

b. influye poderosamente en nuestra “interpretación” del mundo (propia y única de cada ser humano), generando la base de nuestros gustos, opiniones, valores y tendencias (drives), pudiendo estas últimas ser de intensidad y direccionalidad enormemente diversas, según veremos más adelante, al punto de poder resultar totalmente contrapuestas con lo socialmente aceptado, el bien común, y nuestra propia racionalidad (PS).

c. cuenta con una pre-programación muy importante y trascendente, que se transmite genéticamente de padres a hijos. Es capaz de generar respuestas automáticas en las que no interviene (o incluso desafía a) la parte conciente del individuo (Procesador Secundario).

d. al estar ligado a los instintos más básicos del individuo, es el encargado de procesar la información y generar las respuestas a las situaciones más apremiantes (instinto de conservación o supervivencia (individual y grupal o social), huida o ataque ante una amenaza, instinto (y tendencia) sexual, sentimientos de amor, odio, exaltación, verguenza, dolor, placer, evaluación y categorización pre-conciente de otros individuos y situaciones, etc).

e. es muy automatizado, y muy rápido (es capaz de responder en centésimas o milésimas de segundo) actúa preferentemente en la fase pre-conciente o inconciente del individuo.

f. tiene la capacidad de influir poderosamente en el Procesador Secundario, siendo capaz de modular el accionar de este último, al mismo tiempo que esta influencia es en general poco reconocida o advertida por el PS (por el mismo carácter preconciente del Procesador Primario).

g. se relaciona con la inteligencia “emocional” del individuo.

h. muchas veces genera conductas que resultan parcial o totalmente opuestas a las sugeridas por el Procesador Secundario frente a una misma circunstancia.

 

2. El Procesador Secundario (PS), se relaciona con la parte más nueva en el desarrollo evolutivo del cerebro humano, (neocerebro, neocortex) y su campo funcional se refiere a los procesos cerebrales más elaborados y abstractos del individuo. (la parte menos desarrollada en los animales).

Sus principales características son:

a. se expresa esencialmente en el “pensar” del individuo.

b. carece de pre-programación, es un sistema que empieza de cero, con el nacimiento, y va incorporando información proveniente del medio externo (sentidos) e interno, (información que es afectada, modulada, “intervenida”, por el procesador primario).

b. Si bien es capaz de influenciar al procesador primario, esta capacidad es menor que la contraria (al menos hasta el presente estado evolutivo), o sea, menor que la que el PP tiene sobre el PS.

c. se relaciona fundamentalmente con la conciencia del ser humano, le permite el pensamiento abstracto, la imaginación elaborada, los conceptos de tiempo y espacio, la anticipación analítica de hechos futuros, cercanos y lejanos, y la rememoración analítica detallada de hechos pasados.

d. Permite al individuo tener conciencia (darse cuenta) de su propia existencia.

e. Es relativamente lento en su funcionamiento (mucho más lento que el PP).

f. su funcionamiento está en todo momento modulado por el PP.

g. se relaciona con la llamada “inteligencia pura” o aplicada.

h. muchas veces sugiere conductas parcial o totalmente opuestas a las generadas por el PP ante una misma circunstancia, lo que provoca conflictos al individuo.

La interacción de estos 2 cerebros, muchas veces opuesta y conflictiva, sería entonces la base de una conducta humana que nos aparece muchas veces tan difícil de comprender. Las características propias y únicas que cada cerebro humano tiene (ver capítulos 1 y 2) dependerían de una carga genética específica que cada uno de nosotros trae, y de una expresión anatómica, funcional y conductual que es también única y propia de cada individuo, incluso en los casos de aquellos hermanos que han sido “nacidos y criados” en un entorno similar por unos mismos padre y madre.

Así, la influencia del medio ambiente en la conformación del “carácter” de una persona sería sólo parcial, pues ella estaría siendo recibida en cada caso, y siempre de una manera diferente, por un “terreno” único e irrepetible.

Podemos decir, en este punto, que el esquema precedente nos podrá servir como base o columna vertebral para seguir elaborando nuestra teoría sobre los verdaderos determinantes de la conducta humana.

Dado que la tecnología actual aún no nos permite conocer con claridad y exactitud los mecanismos de funcionamiento de nuestro cerebro, deberemos esperar a que ella siga progresando para, paso a paso, poder agregar un sustrato más científico a estas elaboraciones teóricas, basadas en la reflexión pura y en los limitados conocimientos científicos específicos por ahora disponibles.

Durante los próximos años, no me cabe ninguna duda, toda esta reflexión teórica podrá ir siendo avalada o desmentida por hechos comprobables a través de estudios basados en una capacidad científico-tecnológica que seguirá desarrollándose a un ritmo cada vez más impresionante.

A contar del próximo capítulo, junto con aplicar este modelo interpretativo a situaciones concretas de la vida del ser humano, para tratar de lograr explicaciones más lógicas y razonables a situaciones que nos aparecen muchas veces como incomprensibles o “irracionales”, comenzaré a integrar elementos de reflexión e información provenientes del trabajo de filósofos, científicos y religiosos notables, antiguos y contemporáneos, cuya obra he estado dedicado a estudiar en forma focalizada y dirigida desde el último año.

 

Jorge Lizama León

Santiago, Diciembre de 2007.

 

 


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